Corina Amor jamás pensó que acabaría siendo una científica de prestigio. Madrileña y sin antecedentes familiares en la investigación, estudió Medicina en la Universidad Complutense, pero pronto descubrió que le frustraba no poder ofrecer soluciones reales a muchas enfermedades. Por eso decidió dedicarse al laboratorio y a la investigación biomédica, con el objetivo de descubrir nuevos tratamientos.
Su carrera dió un gran salto cuando se trasladó a Estados Unidos para realizar el doctorado. Allí desarrolló una tesis considerada revolucionaria, basada en el uso de células CAR-T para eliminar tanto células cancerígenas como aquellas relacionadas con el envejecimiento.
Los ensayos en laboratorio ya han sido completados y la investigadora calcula que en pocos años podrían comenzar las pruebas en humanos. Su meta no es solo alargar la vida, sino hacerlo manteniendo una buena salud física y mental.
Aunque esta terapia es actualmente muy costosa porque es personalizada, Corina trabaja en la creación de células "universales" que puedan utilizarse en distintos pacientes y abaratar así el tratamiento en el futuro.
Considera que, comparado con el gasto de enfermedades crónicas, podría llegar a ser accesible.
Con solo 29 años dirige un equipo de seis científicos. Defiende un liderazgo basado en la curiosidad, la perseverancia y la creatividad, y rechaza la imagen del científico aislado porque cree que la investigación puede transformar la sociedad.
También reconoce las dificultades de ser joven y mujer en el mundo científico, ya que muchas veces ha tenido que demostrar continuamente su capacidad.