Donna Strickland nació el 27 de mayo de 1959 en Guelph. Desde muy joven fue una
entusiasta de las matemáticas y de la física, una curiosidad intelectual que luego
orientarían su trayectoria hacia el examen de la luz y de los fenómenos que tienen
lugar en los sistemas ópticos. Realizó sus estudios universitarios en la McMaster
University, donde alcanzó el grado en ingeniería física, etapa que le proporcionó un
fondo sólido en física experimental y en tecnologías de los láseresContinuó su formación científica en el periodo de sus estudios de doctorado en la
University of Rochester, en el Institute of Optics, donde trabajó bajo la dirección del
físico Gérard Mourou. En 1985 ambos publicaron uno de los avances más
trascendentales de la óptica moderna, la amplificación de pulsos chirpeados,
conocida internacionalmente como CPA (chirped pulse amplification). Este
desarrollo resolvió un problema central dentro de los procedimientos de la física del
láser: elevar la potencia de un pulso podía conducir a la destrucción de los
materiales ópticos que eran utilizados. El remedio hallado consistió en estirar el
pulso, amplificarlo con la seguridad debida y volver a comprimirlo; esta secuencia
permitía extender (en el tiempo) las duraciones del pulso en un intervalo
extremadamente breve, pudiendo alcanzar intensidades muy altas.
La significación de este hallazgo fue muy elevada. La técnica CPA abrió horizontes
en investigación científica, medicina e industria; actualmente se aplica en cirugía
ocular con gran precisión, en el análisis de procesos ultrarrápidos de la materia y en
sistemas avanzados de instrumentación científica. Con el tiempo, llegó a ser una
herramienta de gran importancia en la física de los láseres de alta intensidad. Una
vez producido su doctorado, Strickland llevó a cabo investigación en diversos
centros científicos y posteriormente se incorporó a la University of Waterloo, donde
llegó a ser profesora de física y óptica. Su trabajo se ha centrado en la óptica no
lineal, en láseres ultrarrápidos y en la interacción entre la luz intensa y la materia.
Más allá de su producción científica, ha contribuido a la generación de nuevas
generaciones de investigadores. En 2018 fue galardonada con el Premio Nobel de
Física, en compañía de Gérard Mourou y de Arthur Ashkin. Este reconocimiento
hizo hincapié en la importancia de su contribución a la física contemporánea y al
mismo tiempo tuvo una fuerte carga simbólica, ya que fue la tercera mujer
galardonada con el Nobel de Física desde la instauración del premio.
El camino recorrido por Donna Strickland pone de manifiesto la importancia de la
investigación fundamental y refleja el hecho de que una idea en el ámbito
académico, aunque sea una idea simple, puede acabar cambiando muchas áreas
de conocimiento y la tecnología actual.