Edurne Rujas es una científica española nacida en Vitoria, en el País Vasco, que se dedica a la investigación en el campo de la biociencia y la biofísica. Desde muy pequeña sintió una curiosidad enorme por entender cómo funciona el cuerpo humano. Mientras otros niños soñaban con ser artistas o deportistas, ella se preguntaba por qué nos ponemos enfermos, cómo actúan los medicamentos o qué ocurre dentro de nosotros cuando nuestro sistema inmunológico nos defiende. Esa curiosidad, que empezó siendo algo muy natural en su infancia, con el tiempo se convirtió en su profesión y en su gran pasión. Su historia demuestra que, cuando algo realmente te interesa y trabajas con constancia, puedes llegar muy lejos, incluso en un ámbito tan exigente como la investigación científica.
Durante su etapa en el colegio y el instituto, Edurne destacó por su interés en las asignaturas de ciencias, especialmente biología y química. Le fascinaba estudiar las células, las moléculas y todos esos procesos invisibles que hacen posible la vida. Sin embargo, no todo fue fácil. Como cualquier estudiante, tuvo momentos de cansancio, exámenes difíciles y dudas sobre su futuro. Aun así, nunca dejó que esas dificultades apagaran su ilusión. Poco a poco fue teniendo más claro que quería dedicarse a algo relacionado con la salud y la investigación.
Cuando terminó el instituto, decidió estudiar Bioquímica en la Universidad del País Vasco. La bioquímica es una carrera que se centra en estudiar las moléculas que forman parte de los seres vivos y en comprender cómo interactúan entre sí para que nuestro cuerpo funcione correctamente. No es una carrera sencilla, ya que combina conocimientos de biología, química, genética y otras disciplinas científicas. Requiere muchas horas de estudio, práctica en el laboratorio y una gran capacidad de concentración. Pero Edurne estaba decidida y se esforzó al máximo para sacar buenas notas y aprovechar cada oportunidad de aprendizaje.
Durante sus años universitarios, empezó a interesarse cada vez más por la investigación biomédica. Descubrió que le apasionaba no solo aprender lo que ya se sabía, sino también intentar descubrir cosas nuevas. Le motivaba la idea de que, a través de la ciencia, se pueden encontrar soluciones a enfermedades que afectan a millones de personas. Fue en esa etapa cuando comprendió que quería dedicarse a la investigación de manera profesional. No quería limitarse a aplicar conocimientos ya existentes, sino contribuir a ampliarlos.