Elisabeth Blackburn, descubridora de la telomerasa y los telómeros, nació en Tasmania, Australia, en 1948. Esta gran científica ganó el Premio Nobel de Medicina en 2009, fue una de las pocas mujeres en ese momento en recibir este honor. Y no solo es conocida por sus descubrimientos, sino también por su firme postura y representación del papel de las mujeres en la ciencia.
Se licenció en bioquímica en la Universidad de Melbourne, y luego hizo su doctorado en biología molecular en la Universidad de Cambridge. Más tarde hizo su posdoctorado en la Universidad de Yale, donde empezó a trabajar con protozoos para estudiar los telómeros. Ahí fue donde observó por primera vez que tenían una estructura especial. Más adelante, se trasladó a la Universidad de California en Berkeley, y luego a la UCSF (University of California, San Francisco), donde desarrolló gran parte de su carrera.
También fue miembro del Consejo Presidencial de Bioética en EE.UU., al que finalmente renunció porque no estaba de acuerdo con la forma en que se estaban limitando algunas investigaciones, especialmente las relacionadas con células madre.
Blackburn estudió cómo los telómeros protegen el ADN durante la división celular. Los telómeros son las estructuras que se encuentran en los extremos de los cromosomas y se van acortando con cada división celular. Cuando se vuelven demasiado cortos, la célula ya no puede dividirse. Más tarde, junto con otros dos científicos, descubrió la telomerasa, una enzima que puede alargar los telómeros. Estos dos descubrimientos dieron paso a muchas líneas de investigación como el envejecimiento, cáncer, enfermedades degenerativas y biomarcador del estrés.
Elisabeth ha sido un gran ejemplo a seguir para muchas mujeres a lo largo de la historia de la ciencia. Gracias a ella, hoy podemos enfrentar distintas enfermedades que, sin sus hallazgos, no podríamos comprender ni tratar con la misma facilidad.