Emmanuelle Charpentier (nacida en Juvisy-sur-Orge, Francia, 1968) estudió
Bioquímica y Microbiología en la Universidad Pierre y Marie Curie de París y obtuvo
su doctorado en Microbiología en el Instituto Pasteur en 1995. Entre 1996 y 2002
continuó su formación en Estados Unidos, trabajando en instituciones como la
Universidad Rockefeller, el Langone Medical Center de Nueva York, el Instituto de
Medicina Biomolecular y el “St. Jude Children’s Research Hospital”.
Más adelante creó su propio grupo de investigación en los Laboratorios Max F.
Perutz de la Universidad de Viena y posteriormente fue directora de investigación
en el Laboratory for Molecular Infection Medicine Sweden de la Universidad de
Umeå, donde también ejerció como profesora visitante. En 2013 se incorporó al
“Helmholtz Centre for Infection Research” en Alemania y en 2014 obtuvo una
cátedra Alexander von Humboldt en la Escuela de Medicina de Hannover. Desde
2015 dirige el Instituto Max Planck de Biología de la Infección en Berlín.
Su trayectoria científica ha sido reconocida internacionalmente, destacando el
Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento (2017) y el Premio Nobel de
Química (2020), que recibió junto a Jennifer Doudna.
Francisco Martínez Mojica, Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier son los
responsables del desarrollo de CRISPR, una herramienta de edición genética,
surgida de la investigación, que permite modificar el ADN con gran precisión.
Mojica identificó el sistema en bacterias en 2005, y en 2012 Charpentier y Doudna
demostraron cómo convertirlo en una técnica capaz de cortar y pegar secuencias
de ADN de forma mucho más eficiente que métodos anteriores. Por su
contribución, los tres recibieron el “Premio Fronteras del Conocimiento en
Biomedicina”.
Pocos meses después de la publicación de CRISPR-Cas9 numerosos grupos ya la
estaban aplicando, y hoy miles de laboratorios la utilizan en todo el mundo. Incluso
se ha empezado a ensayar en humanos, especialmente en tratamientos contra
ciertos tipos de cáncer, convirtiéndose en uno de los avances más rápidos en pasar
del laboratorio a la práctica clínica. Específicamente se ha utilizado en un bebé
humano denominado KJ.