Jane Cooke Wright nació el 20 de noviembre de 1919 en Manhattan, Nueva York, en una familia muy relacionada con la medicina. Su padre, el Dr. Louis Tompkins Wright, fue uno de los primeros graduados afroamericanos de la Universidad de Harvard y un cirujano que luchó incansablemente contra el sistema de salud estadounidense.
Después de graduarse en el Smith College y obtener su título médico en el New York Medical College en 1945, Jane comenzó su carrera en un momento en que el cáncer era visto como una enfermedad que necesitaba cirugía o radiación.
En 1949, se unió a su padre en la Fundación de Investigación del Cáncer del Hospital de Harlem. Juntos, comenzaron a investigar las mostazas nitrogenadas y los antagonistas del ácido fólico como agentes terapéuticos. La mayoría de los médicos, consideraba la quimioterapia como una "causa perdida" ya que era muy tóxica y tenía una baja tasa de éxito, Jane vislumbró el potencial de los agentes químicos para atacar células malignas de forma específica.
Tras la muerte de su padre en 1952, se convirtió en la directora de la fundación a los 33 años. Su liderazgo fue fundamental para demostrar que fármacos como el metotrexato eran eficaces contra tumores sólidos, y no solo contra la leucemia. Se le atribuye ser la creadora de la quimioterapia moderna, ya que cambió el empleo de medicamentos químicos de un estadio experimental a un tratamiento sistemático y estándar.
Su carrera fue espectacular. En 1955 se unió al Bellevue Medical Center de la Universidad de Nueva York y, en 1967, alcanzó una meta histórica al ser nombrada Decana Asociada y Directora del Departamento de Quimioterapia del New York Medical College. Fue la mujer afroamericana con el rango más alto en una institución médica de los Estados Unidos en ese momento.
Jane Cooke Wright falleció en 2013, dejando un legado que transformó la oncología en una ciencia basada en la evidencia y la personalización.