Katalin Karikó es una bioquímica húngara nacida en 1955 en Szolnok, Hungría, y criada en un entorno humilde donde desde pequeña mostró interés por la ciencia. Estudió biología en la Universidad de Szeged y se doctoró en bioquímica, especializándose en el estudio del ARN mensajero, una molécula fundamental para la transmisión de información genética dentro de las células. En la década de 1980, debido a la falta de oportunidades en su país, emigró a Estados Unidos con su familia para continuar su carrera científica, llevando consigo todos sus ahorros ocultos en un peluche de su hija. Allí comenzó a trabajar en diferentes universidades, como la Universidad de Pensilvania, donde centró su investigación en el uso del ARN con fines terapéuticos. Sin embargo, durante muchos años sus ideas no fueron bien recibidas por la comunidad científica, ya que se consideraba que el ARN era demasiado inestable y provocaba fuertes respuestas del sistema inmunitario. Como consecuencia, perdió financiación en varias ocasiones y su carrera estuvo a punto de estancarse, pero Karikó nunca abandonó su línea de investigación. Junto al inmunólogo Drew Weissman, logró un avance clave al descubrir cómo modificar químicamente el ARN para evitar que el sistema inmunitario lo rechazara, lo que permitió utilizarlo de forma segura en tratamientos médicos. Este descubrimiento sentó las bases para el desarrollo de las vacunas de ARN mensajero, que años más tarde serían fundamentales para combatir la pandemia de COVID-19 de forma rápida y eficaz. Gracias a su trabajo, la tecnología de ARN ha abierto nuevas posibilidades en la medicina, incluyendo el desarrollo de vacunas más rápidas y tratamientos para enfermedades como el cáncer o trastornos genéticos. En reconocimiento a su contribución, Katalin Karikó recibió el Premio Nobel de Medicina en 2023, consolidándose como una de las científicas más influyentes de la actualidad y un ejemplo de perseverancia y dedicación en el mundo de la investigación científica.