Ángeles Alvariño (1916–2005): La gallega que conquistó los océanos con ciencia.
Nacida en Ferrol en 1916, Ángeles Alvariño creció fascinada por el mar. Su padre, médico militar, alimentó su curiosidad con libros de historia natural. Desde pequeña soñó con explorar los secretos del océano, y contra todo pronóstico, en plena posguerra y en una época en que pocas mujeres accedían a la ciencia, se licenció en Ciencias Naturales en Madrid en 1941.
Comenzó su carrera en el Instituto Español de Oceanografía, especializándose en zooplancton, esos pequeños organismos marinos esenciales para la vida en el mar. Su meticulosidad y pasión la llevaron lejos. En 1953, obtuvo una beca para investigar en el Reino Unido, convirtiéndose en la primera mujer científica a bordo de buques del Almirantazgo británico, un hito histórico en la oceanografía mundial.
Poco después fue invitada a la prestigiosa Scripps Institution of Oceanography en California y más tarde trabajó para el NOAA, la agencia estadounidense para los océanos. Allí desarrolló investigaciones clave sobre corrientes marinas, biodiversidad y migraciones del plancton.
A lo largo de su carrera, descubrió 22 especies nuevas de organismos marinos, incluyendo medusas, sifonóforos y quetognatos. Su obra sentó las bases de estudios actuales sobre cambio climático y ecología marina. Además, fue una firme defensora de la igualdad en la ciencia, denunciando las barreras que enfrentaban las mujeres y promoviendo el acceso igualitario al conocimiento. Su frase más recordada lo resume:
“La ciencia necesita la contribución de todos los cerebros disponibles.”
Falleció en 2005 en La Jolla, California. Ese mismo año, el Instituto Español de Oceanografía nombró uno de sus buques en su honor: El buque oceanográfico Ángeles Alvariño, construido en Vigo ese año. Hoy su legado sigue vivo como símbolo de talento, perseverancia y amor por el mar.