Mileva Marić nació el 19 de diciembre de 1875 en Titel, que en ese tiempo era parte del Imperio Austrohúngaro (ahora Serbia). Venía de una familia con buena posición y con ideas bastante abiertas para la época. Desde pequeña le encantaban las ciencias y las matemáticas, lo cual no era nada común para una chica en ese entonces. Gracias al apoyo de su familia, logró estudiar en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (hoy ETH Zurich), convirtiéndose en una de las primeras mujeres en hacerlo. Allí, aunque estaba rodeada de hombres y no la tomaban muy en serio, Mileva brillaba por su talento. Fue ahí donde conoció a Albert Einstein, con quien compartía clases, ideas y también una historia de amor bastante intensa.
Entre 1899 y 1905 se escribieron muchas cartas donde hablaban de "nuestro trabajo" o "nuestro artículo", y eso hace pensar que ella tuvo un rol clave en algunas teorías muy importantes, como la teoría de la relatividad. Aunque los artículos salieron solo con el nombre de Einstein, hay gente que cree que Mileva estuvo muy implicada en esos descubrimientos. Ella tenía un gran talento en matemáticas y física teórica, y trabajó con temas de mucha complejidad como el cálculo diferencial e integral. Lamentablemente, no pudo terminar su carrera por un posible embarazo no reconocido y otras presiones sociales de la época.
Se casó con Einstein en 1903 y tuvieron tres hijos. Con el tiempo, Einstein fue ganando fama y Mileva quedó en un segundo plano, dedicada a la familia. Aun así, ella seguía ayudándolo con sus investigaciones. Una frase que se le atribuye es: Wir sind ein Stein, que en alemán puede significar "Somos Einstein" o también "Somos una piedra", como una forma poética y triste de mostrar que eran uno solo, pero ella no era vista. Se divorciaron en 1919 y Einstein le prometió el dinero del futuro Premio Nobel, algo que algunos ven como un reconocimiento a lo que ella aportó.
Tras su divorcio, Mileva permaneció en Zúrich y asumió sola la responsabilidad de criar a sus hijos, especialmente a Eduard, quien enfrentaba problemas de salud. Enfrentó muchas dificultades económicas y personales, alejándose de la vida académica. Falleció en 1948, sin haber recibido en vida el reconocimiento que probablemente merecía. Con el paso del tiempo, su figura ha cobrado nueva relevancia como símbolo de las muchas mujeres cuyo talento fue ignorado por la historia oficial. Honrar su memoria es también reivindicar el papel femenino en la ciencia y apostar por un futuro más igualitario y equitativo.