Rajaa Cherkaoui El Moursli es una importantísima científica marroquí especializada en física nuclear. Rajaa nació en Salé en el año 1954, y en Rabat fue donde obtuvo su primera formación en matemáticas (concretamente en el Lycée Descartes). Decidió continuar sus estudios en el extranjero, encontrando inspiración en sus maestras.
Inició sus estudios en Grenoble, Francia, donde obtuvo su doctorado en física en el Laboratoire de Physique Subatomique et de Cosmologie.
Comenzó a trabajar en experimentos de física de partículas en Europa y se especializó en detectores de radiación y física experimental, además de colaborar con grandes proyectos internacionales.
Logró incorporarse al CERN, participando así en el experimento ATLAS, uno de los más importantes del mundo. ¿Su objetivo? Estudiar qué ocurre cuando partículas subatómicas chocan a energías extremadamente altas.
El papel de Rajaa fue clave para desarrollar detectores, analizar datos y, sobre todo, para la coordinación internacional, ayudando a integrar equipos marroquíes en este proyecto global, algo poco común en su momento.
Gracias al trabajo del experimento ATLAS, se logró confirmar en 2012 la existencia del bosón de Higgs, considerado uno de los mayores descubrimientos de la física moderna, ya que explica por qué las partículas tienen masa.
Es decir, Rajaa Cherkaoui no solo realizó una labor excepcional como científica, sino que también contribuyó a situar a Marruecos dentro de la élite científica mundial. Abrió oportunidades para estudiantes marroquíes en física de partículas y demostró que científicas de países no occidentales también pueden participar en proyectos de máxima complejidad.
Además, la investigación en física de partículas ha sido clave para el desarrollo de tecnologías utilizadas en la lucha contra el cáncer, como la radioterapia, los escáneres PET y el análisis avanzado de datos médicos.
Posteriormente, regresó a Rabat y comenzó a trabajar como profesora en la Universidad Mohammed V de Rabat. Allí introdujo y desarrolló la física médica en Marruecos, aplicando este conocimiento a la medicina, y continuó formando investigadores e investigadoras, además de conectar el país con redes científicas internacionales.
Finalmente, en 2015, todo este trabajo fue reconocido cuando recibió el premio L’Oréal-UNESCO For Women in Science, consolidándose como una figura clave de la ciencia en África.
A día de hoy, continúa promoviendo la educación científica y el papel de las mujeres en la ciencia.
Es necesario dar a conocer figuras tan importantes y cruciales para la ciencia como Rajaa. No somos conscientes de la fortuna que supone tener a científicas contemporáneas tan excelentes como ella en activo.
Las mujeres científicas no occidentales existen, y su labor contribuye a hacer evolucionar el mundo desde una posición mucho más compleja.