Rosalind Elsie Franklin nació el 25 de julio de 1920 en Londres, Inglaterra. Su familia estaba bien posicionada económicamente, algo que permitió a la joven realizar sus estudios en varios centros de prestigio. . Con solo 11 años, empezó a obtener grandes resultados académicos en ciencias y en el estudio del latín. Además, aprendió a hablar francés con fluidez. Cuando tenía 15 años, aprobó el examen para ingresar en el Newnham College de Cambridge y realizar allí su carrera universitaria. Su padre, en un primer momento se opuso a esa decisión, ya que consideraba que las mujeres no debían estudiar en la universidad. Se graduó en 1941 en Física y Química. Nada más terminar, recibió una beca para realizar su tesis doctoral.
El estallido de la Segunda Guerra Mundial provocó una pausa en la tesis de Franklin y aunque en un primer momento, la científica empezó a colaborar con el laboratorio de fisicoquímica de la universidad de Cambridge, supervisada por el futuro premio Nobel Ronald Norrish, pronto cambió de lugar de trabajo.
Tras renunciar al laboratorio, empezó a trabajar en la Asociación Británica para la Investigación del uso del Carbón, un organismo importante para el país durante el conflicto mundial.
Una vez finalizada la guerra, pidió a su amiga Adrianne Weill, física francesa refugiada en Inglaterra, que la ayudara a buscar un trabajo. Sus palabras fueron que buscaba una ocupación para una "fisicoquímica que sabe muy poco de fisicoquímica y mucho sobre los hoyos del carbón".
En 1946 conoció al director del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia y gracias a él empezó a trabajar en el Laboratorio Central de Servicios Químicos del Estado en París. En este nuevo puesto encontró que el rechazo a las mujeres científicas era menor que el encontrado en Inglaterra.
Se convirtió en una de las máximas expertas en difracción de rayos X. Esto fue fundamental para su posterior trabajo con el ADN.
Regresó a Londres en 1950, ya que le fue concedida una beca para trabajar en el King´s College. En un principio debía dedicarse a utilizar la difracción de rayos X en proteínas y lípidos, pero su jefe, John Randall, decidió que investigara las fibras de ADN.
Presentó los primeros resultados de sus investigaciones en una conferencia celebrada en 1951, en la que estaban presentes Watson y Crick, que se sospecha que empezaron a usar sus datos sin su conocimiento ni su permiso. Entre las imágenes estaba la conocida como fotografía 51, en la que se apreciaba la doble hélice del ADN. Con estas imágenes y datos que Franklin había expuesto en la conferencia, Watson y Crick publicaron su hipótesis sobre la estructura del ADN, por la que obtuvieron el Nobel.
Durante un viaje a Estados Unidos en 1956 empezó a sentirse enferma; diagnóstico: cáncer de ovarios. Falleció el 6 de abril de 1957, con solo 37 años.