Sara García Alonso nació en León, España, en 1989. Desde muy joven, mostró una curiosidad insaciable por entender el funcionamiento de la vida y la naturaleza, lo que la llevó a encaminar sus estudios hacia las ciencias biológicas. Se licenció en Biotecnología por la Universidad de León en 2012, obteniendo el primer premio de su promoción y varios reconocimientos por su excelencia académica. Su pasión por la investigación la llevó a especializarse en el ámbito biomédico, realizando un máster en Investigación en Cáncer y Medicina Traslacional.
Su carrera investigadora se consolidó durante su etapa doctoral en el Centro de Investigación del Cáncer (CIC-IBMCC) de Salamanca. Allí, bajo la dirección de expertos en oncología molecular, se doctoró cum laude en 2018. Su tesis doctoral fue tan relevante que recibió el Premio Extraordinario de Doctorado de la Universidad de Salamanca. Durante este periodo, se centró en identificar los mecanismos que permiten a las células tumorales proliferar y cómo bloquearlos, sentando las bases de lo que sería una carrera brillante en la oncología experimental.
En 2019, Sara se incorporó al Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), uno de los institutos más prestigiosos del mundo. Trabaja en el laboratorio de Mariano Barbacid, el descubridor del primer oncogén humano. Su investigación se enfoca en el adenocarcinoma de pulmón y de páncreas, específicamente en el desarrollo de fármacos capaces de atacar al oncogén KRAS, uno de los objetivos más difíciles y buscados en la historia de la oncología. Su labor diaria consiste en diseñar estrategias terapéuticas que puedan llegar algún día a los pacientes, combinando la biología molecular con la ingeniería química.
Sin embargo, su impacto público alcanzó una dimensión global en noviembre de 2022. Tras un riguroso proceso de selección que duró más de un año y en el que participaron casi 23.000 candidatos de toda Europa, Sara García Alonso fue elegida por la Agencia Espacial Europea (ESA) para formar parte de su reserva de astronautas. Con este hito, se convirtió en la primera mujer española en alcanzar esta posición. Su selección no fue casualidad: la ESA buscaba perfiles científicos de alto nivel que pudieran realizar experimentos complejos en condiciones de microgravedad.
Sara representa una nueva generación de científicas que rompen barreras. Además de su trabajo en el laboratorio y su formación como astronauta, dedica gran parte de su tiempo a la divulgación científica. Es una firme defensora de la inversión en ciencia pública y un referente para miles de jóvenes y niñas que aspiran a carreras STEM. Su trayectoria demuestra que la excelencia en la investigación básica en la Tierra y la exploración del espacio son dos caras de la misma moneda: el deseo humano de avanzar en el conocimiento y mejorar la vida de la sociedad.