¿Alguna vez habéis sentido que los sueños grandes parecen imposibles? Pues Sara García Alonso es la prueba viviente de que se puede nacer en León, estudiar en una universidad pública y convertirse en el mayor referente de la ciencia actual en España. Su historia no es la de una científica encerrada en un laboratorio, sino la de una mujer todoterreno que ha demostrado que el método científico es la llave para entender el cuerpo humano y, también, para conquistar el espacio.
Sara nació en 1989 y, como nosotras ahora en la ESO, tuvo que decidir qué quería ser de mayor. Su curiosidad la llevó a estudiar Biotecnología en la Universidad de León, donde no solo aprobó, sino que arrasó con dos premios extraordinarios y un doctorado en Biología Molecular con la nota máxima. Desde el principio, tuvo claro que la ciencia actual debe ser aplicada: no se trata solo de acumular datos, sino de usarlos para resolver problemas reales.
Esa mentalidad la llevó al Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), donde trabaja en la primera línea de la medicina moderna. Allí investiga nuevos fármacos contra el cáncer de pulmón, buscando soluciones químicas para detener tumores que hoy son muy difíciles de tratar. Pero lo que la convierte en una científica fuera de lo común ocurrió en 2022: tras superar pruebas físicas y mentales brutales entre 22.500 candidatos, fue elegida por la Agencia Espacial Europea (ESA) como la primera astronauta mujer de la historia de España.
Lo que hace que Sara sea el mejor ejemplo de científica actual es que ella no ve fronteras entre sus dos pasiones. Para ella, el espacio es simplemente un laboratorio más grande donde estudiar cómo se comportan las células en condiciones extremas. Además, rompe con todos los clichés: es experta en Krav Maga, le apasiona el submarinismo y el paracaidismo, demostrando que la ciencia y la aventura van de la mano.
Elegir a Sara García Alonso como referente es apostar por una visión moderna de la mujer en la ciencia. Nos enseña que puedes ser una experta en oncología un lunes y estar entrenando en gravedad cero un martes. Su mensaje para nosotras es directo: la ciencia no tiene género y los límites solo existen si tú te los pones. Sara no solo investiga para curar enfermedades en la Tierra, sino que nos abre el camino a todas para que, algún día, nuestras investigaciones puedan llegar hasta las estrellas.