Sara Seager (Toronto, 1971) es hoy una de las figuras más importantes del MIT, pero su camino hasta la cima de la astrofísica no fue sencillo. Aunque desde pequeña quedó fascinada por el espacio tras ver la Luna con su padre, tuvo que lidiar con la presión familiar para estudiar medicina o derecho. Sin embargo, su paso por el Instituto Jarvis y la Universidad de Toronto la convencieron de que su futuro estaba en las estrellas. Allí aprendió que en la ciencia las aproximaciones son necesarias para entender la realidad, una lección que la llevó a dejar la física pura por la astronomía.
Su gran oportunidad llegó en Harvard durante los años 90. En aquella época, el estudio de los exoplanetas, planetas que orbitan estrellas distintas al Sol, era visto con mucho escepticismo por la comunidad científica. Muchos pensaban que los datos eran errores de medición. A esto, Seager se arriesgó con una tesis sobre las atmósferas de los Júpiter calientes. El tiempo terminó dándole la razón, y lo que empezó como una teoría ignorada se convirtió en la base de una nueva rama de la ciencia. Más tarde, en Princeton, contó con el apoyo de John Bahcall, un mentor clave que la animó a confiar en su instinto siempre que la física detrás de sus ideas fuera sólida.
Lo que realmente hace destacar a Seager es su capacidad para unir la teoría con la práctica. No solo fue de las primeras personas en detectar la atmósfera de un exoplaneta o medir su luz, sino que ha ido un paso más allá con la creación de la Ecuación de Seager. Esta fórmula es una versión moderna centrada en buscar gases biológicos en planetas lejanos. Además, colabora con la NASA en proyectos tan innovadores como el Starshade, una especie de parasol espacial gigante diseñado para bloquear la luz de las estrellas y permitirnos ver, por fin, planetas parecidos a la Tierra que ahora están ocultos por el brillo de sus soles.
Actualmente, Sara Seager vive en Massachusetts con su marido y sus hijos, y su carrera ha sido reconocida con premios tan importantes como la beca MacArthur para genios. Su lema personal es que, dentro de las leyes de la física y la química, todo es posible. Con esa mentalidad, sigue liderando misiones que buscan responder a la pregunta que la humanidad lleva siglos haciéndose: ¿estamos solos en el universo?